Durante años, luché contra mi cuerpo como si estuviera defectuoso.
Cada dieta. Cada crema. Cada "solución anticelulítica" carísima que me hacía creer que mi cuerpo era un problema que había que corregir.
Seguía todas las reglas. Comía sano. Hacía deporte. Me masajeaba hasta que me dolía.
Y sin embargo… nada cambiaba realmente.
La celulitis seguía ahí. La textura parecía inalterada. La frustración crecía.
Pensaba que era normal.
Que era el precio a pagar al envejecer.
Pero lo que no entendía en ese momento era esto:
Mi cuerpo no me estaba resistiendo.
Simplemente intentaba protegerse.